Con motivo de la celebración de Halloween y Todos los Santos, el departamento de Lengua Castellana y Literatura organizó un concurso de microrrelatos de terror, que debían comenzar con unos versos de Pablo Neruda: "Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido..." Con este sugerente comienzo hemos querido rendir nuestro particular homenaje a este poeta chileno, en el 50º aniversario de su fallecimiento.
En la mañana de hoy, 6 de noviembre, se han entregado en la biblioteca los premios a los ganadores en las tres categorías. Estos son los microrrelatos seleccionados:
INVOCANDO A LILITH
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos
sin sonido…En la noche de Halloween de 2023, un grupo de adolescentes entraron
en uno de los cementerios de la ciudad de Madrid. Querían practicar con la güija
en la noche de difuntos y que mejor lugar que un cementerio. Su intención era hablar con el espíritu de la
abuela de uno de ellos que había muerto recientemente, pero, sin darse cuenta,
invocaron a “la demonio” más poderosa del inframundo.
Inmediatamente, los adolescentes intentaron
salir corriendo, pero Lilith los paralizó y les dijo que si querían salir esa
noche vivos del cementerio, deberían entregarle sus almas.
Los adolescentes se negaron, a pesar de que
estaban aterrados, por lo que Lilith empezó por arrancarles las uñas una por
una. Como los adolescentes seguían negándose a entregarle sus almas a Lilith,
esta siguió causándoles dolor: les empezó a arrancar la piel a tiras.
Seguían negándose a entregar sus almas a Lilith
y esta no podía quitársela por fuerza, así que empezó a partirles los huesos.
Finalmente, y ante el dolor que Lilith les estaba causando, los adolescentes
accedieron a entregar su alma a Lilith. “La demonio” aspiró el alma y arrancó
el corazón de todos los adolescentes menos uno. A este adolescente le dio la
misión de traer nuevas almas al cementerio todas las noches de difuntos.
AINHOA GONZÁLEZ PARRA
1º ESO-B
ATOLONDRADA
“Hay cementerios solos, tumbas llenas de hueso
sin sonido”, se repetía Clara en su cabeza, recordando el perfecto poema de
Pablo Neruda. Clara se levantó con ansias de comer. Fue corriendo hacia la
cocina, pensando en las deliciosas tortitas que le habría hecho su madre. Pero
se llevó una sorpresa, era su padre quien las estaba haciendo. Preguntó por las
servilletas y él le dijo: “hay que ver lo despistada que estás, cuando alguien
te cambia las cosas de sitio, no te fijas en nada, tú siempre en tu mundo”. Le
dio las servilletas con una sonrisa. Clara estaba obsesionada con la
literatura. Ella odiaba a todos los adolescentes; pensaba que todos tenían que
adorar la literatura tal y como ella lo hacía. En el instituto, sus compañeros
se burlaban de ella, decían que era rara. Fue entonces que sus compañeros ya no
hacían comentarios sobre ella en mitad de las clases, ni se acercaban a ella en
el recreo a arrancarle las hojas de sus valiosos y caros libros. Se le hizo
raro, pero ella pasó desapercibida. Al día siguiente, llegó la hora de la
salida y todos sus compañeros la persiguieron hasta un callejón. Se oían gritos
de terror, gemidos de dolor y, de fondo, unas risas inconscientes de sus actos.
La sangre salpicaba las sucias paredes del callejón. Hasta que un compañero
soltó: “hay que ver lo despistada que estás” y se fueron, riéndose, dejando el
cuerpo solitario y embarrado de sangre.
ALICIA BERTRAND
3º ESO-A
EL ÚNICO DÍA DEL AÑO CON FLORES
Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos
sin sonido, pero aquel cementerio ocultaba un oscuro secreto que nunca debí
descubrir. Era una noche oscura de tormenta, las ramas de los árboles tenían
vida propia, sus susurros retumbaban en mi interior. Decidí entrar a través de
esas altas puertas que separaban la vida de la muerte. El suelo temblaba bajo
mis pies, las tumbas del cementerio gritaban a mi alrededor, mi cabeza quería
salir de ese lugar, pero mi alma se había agenciado de mis movimientos. Sin saber
por qué, comencé a andar entre las lápidas, el farolillo de luz que llevaba
conmigo comenzó a apagarse y la única luz que tenía procedía de la luna. No
quería estar ahí, me quería ir, pero no podía, no había nada que hacer, iba a
morir esa noche. De repente, una especie de cuerda me enrolló los pies, me tiró
al suelo y me arrastró por todo el cementerio, sentía mi cuerpo arder de dolor.
Grité hasta quedarme sin aliento, quería escapar, pero no podía, era demasiado
tarde. Tras varias horas me desperté, pero yo ya no formaba parte de este
mundo, las flores secas rodeaban mi cuerpo y sabía que hasta el próximo 1 de
noviembre nadie volvería a rodearme de colores.
NAIA ALONSO SANZ
1º BACHILLERATO-A
Para terminar, queremos dar las gracias a todos los participantes y, por supuesto, felicitar a las tres ganadoras.
¡ENHORABUENA!